María Dorrego, responsable de People & Talent en Kelea: “La actitud multiplica el talento y la honestidad nunca se negocia”

En un entorno laboral que cambia a la velocidad de la tecnología, las empresas que se atreven a cuestionar las viejas reglas son las que logran dejar huella. Kelea es una de ellas. Desde su fundación en 2018, esta consultora gallega se propuso un reto ambicioso: hacer del trabajo un lugar mejor para las personas. Su nombre, inspirado en el ave que vuela en las bandadas más numerosas del mundo, refleja su esencia: adaptabilidad, movimiento coordinado y capacidad de evolucionar juntos.

En este ecosistema, María Dorrego, responsable de People & Talent, lleva casi cinco años impulsando un modelo de gestión que combina pragmatismo, innovación y un profundo respeto por las personas. Su trayectoria no responde a un plan premeditado, sino a una vocación que fue surgiendo casi de manera natural. “En mis primeros trabajos, mientras estudiaba, me fijaba en cómo se organizaba el trabajo y en cómo se formaba a la gente. Sin darme cuenta, siempre miraba hacia el lado de la gestión de personas”, recuerda. Su primera experiencia en el departamento de Selección y Formación de El Corte Inglés confirmó ese camino: “Me enseñaron la importancia de la calidad, de los procesos bien hechos y de la formación. Tuve buenos jefes, mucha formación y la oportunidad de lanzarme desde el primer momento. Eso marcó mi carrera”.

Cuando Kelea le propuso incorporarse, la compañía apenas sumaba una decena de personas y necesitaba profesionalizar su gestión de talento. Para María, la oportunidad reunía tres ingredientes únicos: “Poder construir un área de personas desde cero, trabajar con profesionales muy buenos que además fueran grandes personas, y formar parte de una organización que apuesta por la creatividad y la innovación”.

Su llegada coincidió con un momento clave de expansión y le permitió implantar un modelo de gestión que combina procesos claros con flexibilidad y cercanía. María concibe los recursos humanos no como un filtro que decide quién entra o sale, sino como un “pegamento” que une talento, cultura y propósito. “Nuestro objetivo es que las personas tengan el menor número de impedimentos para que su trabajo fluya. Si conseguimos que los equipos estén más contentos, los resultados llegan solos”, explica.

En selección, Dorrego busca señales invisibles más allá del currículum. “Me fijo en la coherencia del discurso, en la ilusión con la que comunican y en la curiosidad por aprender. La actitud es el multiplicador por excelencia. Necesitamos gente que no busque un trabajo estanco, sino que entienda que el cambio es constante y quiera evolucionar”. Por eso, sus entrevistas comienzan invitando a los candidatos a preguntar. “Las preguntas revelan qué es importante para ellos y nos permiten conocer su motivación real”, añade la profesional.

En una empresa centrada en las personas, las decisiones complicadas también forman parte del camino. “Los momentos más duros son las desvinculaciones, cuando ves que no hay alineamiento entre lo que busca una persona y lo que necesita la organización”, reconoce. Su aprendizaje: mantener la coherencia hasta el final. “Cuando eres honesto, incluso en una conversación difícil, ayudas a la persona a comprender la situación. Aunque no esté de acuerdo, no se sentirá engañada, esa transparencia hace que se acuerden de nosotros en el futuro”, afirma.

En un mercado donde el talento es muy demandado, María no se ve a sí misma como alguien con poder para abrir o cerrar puertas, sino como una facilitadora. “Nuestro papel es encontrar a la persona adecuada y asegurarnos de que esté en el lugar donde pueda brillar. Para que las decisiones no parezcan arbitrarias, debemos tener muy claro qué perfil buscamos y dar un feedback transparente”, destaca.

También defiende la necesidad de equilibrio entre las necesidades de la empresa y las de las personas: “Las organizaciones necesitan normas para no perder el rumbo, pero también principios que permitan buscar soluciones creativas. A veces la respuesta no es un sí o un no, sino encontrar juntos un punto intermedio”.

Empresas que confían

Dorrego defiende una visión adulta de la relación laboral. “No me gusta la idea de que las empresas sean familias. Suena paternalista, como si la compañía tuviera que resolver todos los problemas de sus empleados. Las organizaciones existen porque hay un tercero -un cliente, un usuario- al que entregar valor. Eso es lo que nos une”, explica.

Para ella, lo importante es crear un propósito común y valores que se traduzcan en comportamientos concretos, no en una falsa sensación de hogar. “Las personas deben sentirse cómodas. Queremos que sean responsables de su trabajo, y para eso necesitamos darles confianza, información y explicarles el porqué de las cosas. Solo así pueden tomar decisiones con responsabilidad”, añade.

Esa apuesta por la confianza se enfrenta a un desafío creciente: el trabajo en remoto. Kelea, como muchas empresas de su sector, ha adoptado el teletrabajo como parte de su propuesta de valor, pero María advierte de dos riesgos: “El aislamiento y la pérdida de cultura colaborativa”.

Para contrarrestarlos, la compañía crea espacios de conexión física y emocional. Cada seis meses organizan la WICCA, una jornada en la que todo el equipo se reúne para reflexionar, compartir preocupaciones e impulsar nuevas ideas. “Es nuestro momento de parar para avanzar. Revisamos si vamos en la dirección correcta, si debemos cambiar algo. Hoy no tiene sentido hacer planes estratégicos a cinco años: el entorno cambia demasiado rápido. Necesitamos revisar y adaptarnos constantemente”, destaca.

Además de la WICCA, Kelea mantiene encuentros online durante el año para reforzar la estrategia común y los lazos entre compañeros. “La cultura es la suma de comportamientos. Si no creamos espacios para vivir esos valores, es difícil que se mantengan”, añade Dorrego.

Galicia como origen

Aunque Kelea ya cuenta con clientes en Madrid, Barcelona y otras ciudades, sus raíces gallegas forman parte de su identidad. “En Galicia hay un ecosistema empresarial que apuesta por la innovación y la tecnología. Ese carácter inconformista es parte de nuestro ADN y nos ha abierto un hueco en el mercado nacional”, afirma María con orgullo.

Más allá de las etiquetas, Kelea quiere ser un partner de confianza para las organizaciones que necesitan evolucionar. “No llegamos con una receta cerrada. Nos metemos de lleno en la realidad de cada cliente para cocrear los pasos que deben dar. Llevamos una caja de herramientas llena de experiencias en otros sectores y ayudamos a diseñar soluciones digitales que mejoren su competitividad”, concluye la profesional.

Hoy, a punto de cumplir cinco años en Kelea, María Dorrego demuestra que innovar no significa solo crear nuevos productos, sino también reinventar la forma en que trabajamos y nos relacionamos. Su liderazgo confirma que una empresa puede crecer sin perder el foco en lo más importante: las personas que la hacen posible.